Cuidar y proteger a un discapacitado es ayudarlo.
Ayudarlo es hacerlo inútil.
Hacerlo in-útil es incapacitarlo más.
Incapacitarlo más no es ayudarlo.
Por tanto ayudarlo no es cuidarlo y protegerlo

El estúpido mundo de la discapacidad está compuesto por aquellos que se creen capaces y que creen que existe, y no por los que esos etiquetan o trafican.
Los “capaces” lo crean y lo conforman. Nadie más.
El mundo del discapacitado no existe.
No hay.
No se da.

Encontrar opciones para “capacitar” a un “discapacitado” es la obligación moral de su familia.
Y su familia debe estar informada, debe saberlo.
Porque su familia no sabe más.
Porque no le han contado o porque no se han preocupado en saber.

Pero a ELLOS no les importa eso.
Les importa defenderse…
Que les dejen hacerlo…
Que alguien grite por ELLOS.
Y hasta a ELLOS mismos los convenza…

Para que dejen de ser marionetas y peleles en manos de absurdas guerras o en defensa de determinados intereses.
Guerras e intereses que no pertenecen a ellos.

Padres que no luchan lo suficiente y no les acompañan a integrarse.
Instituciones a las que no les caen bien algunas familias porque se rebelan, piden explicaciones o critican para construir mejor.
Profesionales que dicen saber más que tú, porque ellos han estudiado en la Universidad la teoría y tú sólo (¿?) has parido la práctica.
Sistemas de ayudas, subvenciones, profesionales que, al ayudar los hacen más inútiles.
El sistema educativo también somos los padres, y aunque nos sirva para ir provocando compasión, nuestra obligación y que nadie nos cuenta es desetiquetarlos y sacarlos de aquellos lugares donde los agrupan sin atender a sus necesidades personales…como individuos me refiero.

Nada diferente de lo que persigo con la lucha por la modificación de las leyes escritas y no escritas que imperan en nuestra sociedad referente a la educación global.

Pero es que yo he visto una luz, un faro que me llama.
Nos llama.
La llama a ELLA.

Cuando empecé mi suicida cruzada, aunque mi motivación siempre ha sido mi hija, estaba convencida de que ese sitio utópico donde se atendiera a la diversidad, donde nadie fuese tratado diferente por crueles etiquetas, sino por su propia individualidad, iba a tardar en poder ser realidad. Creía, eso sí, que lo sería pero que quizás ya mis ojos ni lo vieran.
Pero eso no me hizo abandonar, sino que me dio fuerza para poder ayudar a cientos de niños y de familias que estarían, algún día, en el mismo lugar en el que en ese momento nos hallábamos ella y yo.
Y en esa particular guerra en la que estuve, y estoy, acompañada de cientos de personas que, o sienten empatía, o realmente sienten la impotencia, me encontré con que aquello que intentaba conseguir para un futuro, existía en el presente.

Y mi pequeña podía ir.
Podría si la dejaban ir, si la dejaban ser.
Pero ella no puede decidir.
Para eso estamos los capaces.
Y si la dejaran ir, o si le conceden ir, mi niña dejaría de ser anormal para ser una mujer autosuficiente y autónoma que no despertara la compasión con la que algunos juegan.
Esto no es un juego.
Se trata de mi propia hija.
Que desea ser capaz.
Que aspira a ser maestra allí.
Que fue tratada como quien es, un ser extraordinariamente inteligente.
Y ella se lo creyó…
Y llegó a serlo mientras estuvo allí…
Y su madre creyó que alucinaba viéndola, escuchándola.
Y sabemos que puede ser.
Y nos garantizan que va a ser.
Garantizado.
Pero es allí.
Allí porque es el único lugar donde existe.
Desde hace más de treinta años.
Desde mucho antes de que a mí se me pasara por la cabeza siquiera ser madre.
Desde mucho antes de que ni en lo más profundo de mi imaginación se pudiese dar que, un día, quizás, me podría tocar…

Esta lotería tan grande.

Quizás a ti te toque, sobre todo si en algún momento se te ha pasado por la cabeza que te puede ocurrir.
Que no estás libre.
Que te puede tocar…o que quizás ya te ha tocado.
Incluso más de una vez.

Que somos los padres los primeros que debemos buscar capacitar a nuestros hijos…capacitar señores, de capaz, de capacidades…
Y no agruparlos por incapaces de nada…
Donde ellos no son individuos sino parte de ese mundo.
Ese que te digo yo que no existe.

Y mi hija lo sabe.
Y yo también lo sé.
Porque me he enterado y me he preocupado durante toda su vida de indagar y de estudiar, y de lo que aún me queda en esta carrera.
Pero por si tú no lo sabes, que lo sepas.

Y no se encargan aquellos que la quieren, o aquellos que creen saber qué es mejor para ella, de preguntarle:

Bonita, y tú ¿dónde quieres estar?
Amor mío, y tú ¿dónde eres más feliz?
Linda, y tú ¿qué prefieres hacer?
¿Y qué quieres ser de mayor?

Y no les dejan elegir.
Da igual la edad que tengan.
Los han incapacitado, y no es con papeles, es con intereses, es con acomodamiento, es con dejadez.
Los padres, el sistema, los colegios, las profesiones, la educación especial…
«Pues mejor está ahí que está más dócil.»
Donde esté más aborregada.
Donde nos cueste menos dinero.
Donde más tranquilos estemos los demás.
Donde más nos acomode.

Pues no.
Somos sus padres.
No es dinero.
Es dignidad y calidad de vida.
Y son suyas.
Por derecho.
No le quitemos la oportunidad de tenerlas.

Movimiento LaOla nació para eso. Por y para una Educación Global e Integradora.

Movimiento LaOla hará que haya más faros guía y que más y más gente sepa dónde puede ir.
Y que se puede ir si nos dejan.
Y si no nos dejan construiremos esos faros por todas partes para los que vengan después.
Porque vendrán.

Movimiento LaOla está abanderado en esta guerra santa y nosotras somos las embajadoras de esta posibilidad.
Aunque le quitemos la oportunidad a mi hija, que ya se nos hace tarde por edad y por perder su precioso tiempo.

Un día, Movimiento LaOla, y yo personalmente, te conducirá a ti.
Sí, sí, a ti…
O quizás a alguien a quien tú quieras.
O a lo mejor a alguien que simplemente conozcas.
O a algunos a quienes nos recomiendes.
Sin acritud.
Sólo porque a ELLOS no les quite nadie la voz…ni el voto.
No tenemos ningún derecho.

Y porque soy una jodida madre coraje…que eso también cuenta, digo yo.

LOLA