Me senté nerviosilla a esperar su conferencia en mi sitio de primera fila, algo que tenía planeado, lo de ser tempranera.

Le vi mientras él hablaba con los organizadores y tal, y me apetecía mucho presentarme.
Que me pusiese cara quería yo, porque ya nos escribíamos desde hace más de un año.
Por mis eventos y eso.
Porque voy detrás de él.

A quince minutos de empezar, dejé las cosas en el asiento al cuidado de la chica de al lado y bajé, tarjeta de visita en mano, a buscarlo en un momento que salió fuera del salón de actos.
Y me dirigí a él:
-¡Pablo , soy Lola de Cartagena!
Y le dio alegría. Más alegría. Porque eso es lo que es él: alegría pura.
Y charlamos unos pocos minutos
Creo que ahí fue donde sentí el flechazo.

Y pronto empezó a hablar.
No fue una conferencia monólogo de atril, fue como una entrevista, que me recordó tanto a la que hice con mi D Juan…
(De lo que usted quiera puede hablar don Juan, de lo que usted quiera…)
Así, preparada, pero a la vez natural y espontánea.
Tomé muchas notas.
Anoté, sentí y me emocioné. Y la mayoría de las veces no en ese orden, por supuesto.

Que cae en los prejuicios a veces contra los que lucha, dijo, que los Down también tienen prejuicios.
-Madre mía Pablo, yo también-

Que todo lo que hoy es, no podría haber sido sin esos padres, que seguro estaría en un taller ocupacional hasta el fin de sus días.
Que no le hicieron concesiones ni le ayudaron. Que fueron implacables.
-Que yo quiero que un día mi hija hable así de mí-

Que preguntó a su médico de cabecera, cuando le explicó lo del cromosoma, si era tonto, y don nosequé le dijo que no. Y que qué no podría hacer como los demás, y la respuesta fue “Nada”, y entonces supo que no importaba si tenía síndrome de Down. Y se lo creyó.

Se metió con las asociaciones, un poco. Y mientras, pedía disculpas si ofendía; dijo que flaco favor hacen cuando se juntan para cerrarse más en sí mismas y en su etiqueta en lugar de abrirse al mundo.
Que sólo hay una de ciegos, pero miles de Down, y que haya tantas hace que pierdan su fuerza. Que no son abiertas, y que no debería ser el fin para las personas con diFcapacidad, sino un medio y, la terapia ocupacional, sólo un punto intermedio, de paso para la inserción laboral.
Que nosotros mismos nos discriminamos, que eso no es integración sino autosegregación.
-Nosotros somos también los padres y las familias-

Habló de sus amigos que nunca lo trataron diferente en el colegio. Y así nunca creyó que lo fuese.
Habló de la votación hace casi treinta años de los profesores de un instituto para decidir si lo aceptaban en él. Y ganó el sí de mayoría, pero había minoría de no. Que la había.
De aquellos que le ningunearon en segundo de BUP, porque antes se ninguneaba y ahora se acosa…que qué ha pasado con los chavales, que qué hemos hecho para fomentar su agresividad…

Y de por qué estudió magisterio.
Y por qué no puede ejercerlo.
Y lloró Pablo al contar como disfrutó cuando hizo las prácticas con niños y lo que le quisieron. Y lo que él los quiso.

LOS DEMÁS ME PUEDEN PONER LÍMITES, YO NO
“Quiero seguir sorprendiendo, quiero seguir mostrando a la sociedad que yo puedo” gritó.

Nos contó acerca de su experiencia en el cine, de lo que significó y de lo que supuso para su aprendizaje y su proyección, y se emocionó también.
Sí, él también.
Que en su familia todos opinaron acerca de si debía o no protagonizar una película, pero que fue su madre,-ay las madres-, la que le ayudó a decidir cuando le hizo la gran pregunta: ¿Pablo hijo, tú quieres hacerlo?. Y como ella quería lo que él quisiese, ella fue la que ganó.

Que él lo que quiere es que sean las empresas las que exijan tener una persona con diFcapacidad, porque algo increíble les sería aportado con ello.
Que los Down no se escaquean, que son metódicos, que aguantan carros y carretones, que irradian felicidad y alegría, que son organizados.
Que transforman la empresa que les contrata.

Que tampoco conoce a una familia donde haya una persona con este síndrome que no sea feliz. Que lo son.
Que para trabajar, la primera barrera es la familia y la sobreprotección, que la actitud conmiserativa y lastimera corta el desarrollo profesional.
Que la Universidad es el eslabón con el mundo laboral, y que sólo un seis por ciento de las personas con discapacidad estudian en la Universidad.
Que hay más barreras, que una son las oposiciones, y la más grande, que está arriba son los políticos.
Metió mano al Sistema Educativo
Y salió el chascarrillo de Panamá.
Nos hizo mucho reir.
Tiene un saque increíble.
Es tan natural. Nada fingido ni empacado.

Y que a la gente que lleva lo de los Recursos Humanos en las empresas les diría:
QUE SOMOS HUMANOS.

Que la empresa no ha de ser homogénea, que la diversidad enriquece a la empresa.

Luego se levantó y andó gritando acerca de la violencia de género, apuntando con el dedo a algunos chicos, no acusando sino responsabilizando.
Habló del islamismo.
Habló de educación.
Habló todo.
De la vida, porque él no es otra cosa que eso, vida.
Habló desde su corazón, más grande que él mismo.

Y a mí me dio alas.
A todos fue que nos dio alas.
Oí a jóvenes decirle, entre foto y foto, Pablo, yo voy a luchar contigo por cambiar las cosas.
Muchos de las decenas que le abordaron al final de los dos minutos de aplausos.
Todos en pie.
Mientras él lloraba.
Y lloraba como sorprendido.
Como si no lo mereciese.

Su boca, es con forma de sonrisa.
Su vida un ejemplo.
Su persona un regalo.
Su tesón un aliento.
Su presencia, luz.

Sí Pablo, yo estoy en esto hace tiempo, en lo mismo, en la misma guerra.
Contigo.
Y si me siento desfallecer me acordaré de ti y de lo que me hiciste sentir.
Por mi pequeña.

Volveremos a vernos.
Te lo dije al despedirme:
Que te quiero.

LOLA