A este tema le estoy dedicando mucha energía y tiempo estos últimos meses.
Lo sé.
Quizas mis lectores estén cansados de leer de lo mismo, pero esto es un blog abierto.
Para entrar, y para salir…
Así que puedes cerrar ahora la pantalla.
Y aquí paz y después gloria.

Hoy he leído de otro padre.
Y de que acaba de verle la cara al diablo.

https://coachingdirectivos.wordpress.com/2016/04/20/hoy-le-he-visto-la-c…

Ese diablo al que yo conozco bien, y que me ha ensartado en su tridente tantas veces.
Y que no deja de golpearme con su feroz rabo.
Y que me quema constantemente.
Que me hace arder con su aliento de fuego.

Ese maldito diablo al que otros llaman diplodocus.

http://www.joseantoniomarina.net/libro/despertad-al-diplodocus-una-consp…

Diablo o diplodocus, dependiendo de si te quema o si quieres descongelarlo.

Y por eso me he matriculado a estudiar, para verlo desde el otro ángulo también. Ver su cara helada.
Desde el conocimiento y no sólo desde el corazón

Y he leído de quienes han comentado en ese post.
Y me han dado mucha más fuerza porque somos muchos (muchos no, más aún) los que trabajamos sin descanso para cambiar el Sistema Educativo.
A veces entorpecidos por los que creen saber de tus hijos más que tú.
A veces entorpecidos y con los impedimentos de los propios padres.

Yo es que sé que Ella puede.
Sé que puede muchas cosas y sé que desconozco que puede otro montón más.
Yo lo sé.
Pero Ella no.
Y tampoco sabe que no lo sabe.
Se queda ahí, quieta o retrocediendo porque le da miedo.
Porque no sabe que puede.
Y llora mucho, porque cuando estamos juntas se encuentra viviendo en una gran contradicción.
Y se aturde.
Porque yo la animo a que piense, decida, y crea en ella.
Pero en el fondo Ella misma no cree que pueda.
Y Ella no lo sabe porque son demasiados los que se encargan de recordárselo.

“Deja, que tú no puedes”
“Trae que yo te lo pongo”
“Calla que me enfado”
“Así no te va a querer nadie”
“Es que se te va la olla”
“He tenido que pegarte/castigarte”

Sólo límites. Sin estímulos.
Sólo cotas. Sin libertad para ser.
Por los propios limitados mentales que no evolucionan.
Y no la dejan crecer, experimentar, equivocarse y exteriorizar.

Porque le ponen el tapón a la botella de espumoso que es mi pequeña.
O me golpean si yo, su madre, intento quitárselo y lo meten más hacia dentro.
Otras veces la agitan para que pegue el corcho en el techo, se escuche el ruido atroz y se derrame el líquido sin medida.
Y hemos ido a peor porque se libran batallas absurdas, con su pretexto, para no dejarla verter su ser con mesura.
Y nos quedamos sin líquido en la botella.
Se nos va el contenido.
Se nos acaba el tiempo.
Ya tiene más de trece años.
Y yo no quiero una botella vacía de mi brazo, como forma de vida.

Batallas absurdas por intereses cuyos proyectiles rebotan en ella.
Y me la dañan más.
Y les conviene.
Que esté más dañada para alimentar sus teorías.
Y me obligan a tenerla en un sistema que le hace mal.
Y me obligan a tenerla en una modalidad que no le hace mejor.
No, mi hija no va a acabar en un centro haciendo manualidades como única alternativa.

Sí como última, no como única.

¡Porque tú lo digas!

Ni mi hija va a ser una mujer vacía del brazo perenne de su madre.

Mi hija es muy bella.
Y le gusta verse bella.
Y mi hija es muy inteligente.
Pero ella no lo sabe.
Ella cree que es tonta.
Y lo repite.
Y que es retrasada.
Y lo repite.
Y tiene mucho miedo.
Y me lo repite.

No dejaré que nadie se interponga en su camino.

Que no es el mío.
Que no es el de nadie.
Que es el suyo.
Que el Sistema no vale, pero hay excepciones aunque estén tan lejos.
Que de lo que se trata es de que no sean tan excepcionales estas islas del Sistema.
Que el Sistema tenga vida.
Que mi hija está sola en su interior.
Que cada día se retrae más.
Que no la ayudan.
Y que a su madre la golpean con los intereses, por creer en Ella.
Y no me dejan avanzar para Ella.
Y no la dejan avanzar a Ella.

Porque puede.

Pero Ella no sabe que puede.
Porque de tanto repetírselo, Ella y los otros se lo han creído.
Pero su madre, aunque le cueste la vida, la ayudará a que sepa que puede.
Por encima de quien haga falta y renunciando a lo que sea necesario.
Es mi hija.
La he parido.
Nadie puede decirme que la conoce más que yo.
Nadie va a decirme que no está justificado lo que hago.

Ella puede.

Yo creo en Ella.

Y eso sí que lo sabe porque eso depende sólo de mí, y porque en eso nadie me puede.

No me rendiré.

LOLA