Encontrarse en la orilla frente a un gran mar que no es el mío.
Un mar porque yo soy de mar.
Podría ser un río cuando yo sea de río.
De orilla a orilla cruzarlo, con sus corrientes, sus rápidos y sus obstáculos.
También me vale.

Pero hoy mi metáfora es de mar, porque en él, sólo se puede intuir la otra orilla. Se sabe dónde está, pero no se ve. Se sabe qué puede uno encontrarse allí, y sobre todo se sabe lo que uno quiere conseguir allí.

Como decía, encontrarse en la orilla, pero no estar sola…

Estar con alguien que desea cruzarlo.
Estar con alguien que sabe que puedes acompañarlo a encontrar la mejor travesía.
Para sus propios propósitos.
Estar con alguien que quiere de verdad cruzarlo, pero que teme su inmensidad.
Estar con alguien que, voluntariamente te escoge, pero que tiene miedo.

Qué pasa cuando te canses…
Qué harás si encuentras una tormenta…
Cómo reaccionarás si te acechan tiburones….
Qué herramientas necesitarás si pierdes el rumbo…
-Le pregunto-

Y se prepara para todo eso, porque sabe que puede ocurrir , se prepara mentalmente para ser fuerte y seguir con el norte claro.
El norte no es la meta, es la dirección.
La orilla no es el objetivo, el objetivo está más allá de la orilla.
Y después me siento tan orgullosa de que lo haya conseguido.
De que me haga saber que llegó.
De verlo contento y satisfecho de su propio logro.
-No he sido yo, has sido tú solo.-

Yo también atravesé mi propio mar, mi propio río para llegar a esta orilla.
Y también tuve a alguien una vez que me guió.
Y al que todavía hoy, de vez en cuando, cuando me pierdo o flaqueo, llamo para que me recuerde que sé hacerlo yo, que yo puedo.
Y voy cruzando de orilla en orilla.

Me gusta estar a la espera de que acuda más gente a contar conmigo.
Me encanta saber a qué parte del otro lado, quieren ir.
Me gusta acompañarles.
Y me gusta la sonrisa satisfecha y entrañable que me dedican al despedirse…para continuar a solas.

Esta semana he vuelto a concluir este proceso con dos personas más.
Dejamos de navegar juntos.
Yo desde tierra, ellos en el mar.
Ya no es obstáculo el mar de miedos.
Ya no.
La otra orilla es la primera meta.
El resto está por venir.
Meta tras meta…

Yo sólo muestro las técnicas de nado.
Una especie de manual de supervivencia sin letras.
Donde lean lo que quieren leer.
Y que quieran leer cómo vencer las dificultades.
Un manual mágico.

Yo no les llevo.
Ni les ayudo.
Ni les aconsejo.
Ni les dirijo.
Sólo soy su coach.

Y me encanta, cada día más, ver orillas con gente que desembarca y que se despide con la mano antes de volverse para seguir su senda a por su merecido bienestar.

Único, personal e intransferible bienestar.

Me encanta.

LOLA