Ayer mandé un mensaje masivo por whatsapp para recordar la campaña de crowfounding que intenta conseguir la financiación del «III Educando para Emprender» que organizo.
Que organizo para hacer ruido y crear movimiento y poder juntarnos muchos para pedir un cambio en el Sistema Educativo.
Que organizo por pasión y mi motivación por Ella.

Alguien me escribió inmediatamente y me dijo no tener claro para qué era el dinero.
Le contesté que en el enlace estaba desglosado de forma gráfica y escrita el presupuesto por partidas.
Míralo, le dije…
https://www.goteo.org/project/educando-para-emprender

Me dijo, antes de mirarlo, que quizás algunas personas no colaboraban por desconfianza.

Supongo que serán esas personas que no saben que ni cuando no hemos tenido para comer, mi hija y yo, no hemos pedido dinero.
Nunca.
Menos públicamente.
Donde hemos querido mantener nuestra dignidad.
Quizás estúpida, pero nuestra y digna.

De esas que no saben lo que hemos pasado.
Que sabemos vivir con poco.
Que nos adaptamos a todo.
No conozco personas que se adapten mejor que nosotras.
Y en eso Ella, más que yo, se lleva el premio.
Acostumbradas a salir, unas veces voluntarias y otras veces sin querer, de incontables zonas de confort, nos hemos hecho expertas.
Sabemos sobrevivir.

Hemos estado durante mucho tiempo viviendo sólo con la pensión que le pasaba su padre.
Y yo he limpiado casas, servido en restaurantes, y vendido ropa usada en rastros, mientras organizaba Eventos Educativos, de categoría oyetú, con los que nunca he ganado, en billetes, otra cosa que no fuesen deudas.

Suerte que para comer siempre ha habido un plato para nosotras en casa de mi madre.
Mis hermanos se han ocupado de ello.
Y para que coman mis nietos, les he cedido lo que algunas veces me subvencionaba Servicios Sociales a mí.
Esto es ser abuela dicen.
Mi madre para mi hija y yo, para mis nietos.

Que el dinero no es mi objetivo, que es que alguno no se ha enterado aún.
Pero es porque no debe tener capacidad mental para entenderlo.
Es lo que tiene vivir en diferentes planos de evolución.
(Me río yo de Darwin y de su teoría, falluta con algunos humanos)

Que no soy como aquellos que cuanto más tienen, más se gastan y que nunca sacian su infelicidad con caprichos.
De aquellos que tienen tarjetas de crédito y deudas, por encima de sus posibilidades.
Que nunca tienen suficiente dinero.
De los que tienen agujeros en las manos.
Esos que no saben manejar ni su dinero ni sus vidas.
Que se les nota a la legua y en la lengua la superficialidad de sus almas.
Cada vez que abren la boca.
Y que exponen sus penas de víctimas.

Pero ese no es mi problema, que será el suyo hasta que lo decidan ellos.

Porque yo tengo un inmenso bienestar por sentir así.
Porque para mí las cosas no tienen precio, sino valor, y sentir eso es muy grande
Que la calidad de vida de mi hija no vale dinero, vale amor, y de eso a mí me sobra para ella.
Y nunca se me gasta oye…

Que diez euros pueden convertirse en un par de paquetes de tabaco, en el motivo para una pelea familiar de por vida, para un navajazo por robarlos, el granito de arena para una buena causa, o en doce milagrosos litros de leche del Mercadona para toda una familia.

Cada uno elige el valor de diez euros.
O de trescientos.
O de diecisiete mil.

Somos muchos los que compartimos valores.
Con esos son con los que yo quiero estar.
Y es con los que estoy.

Que hay ya demasiados corruptos.
Embusteros.
Ladrones.
Y faramallas.
Exactamente esos de los que me sobra saber.
Los que se creen que me vendo por dinero.
Que tengo precio.

Como ellos…

LOLA