El piano vertical

Hace más de cuarenta años que fue mi amiga inseparable de la infancia…
De estas parejas en las que pocas cosas aparecen en común excepto nuestro cariño mutuo.

Ella, era la menor de dos hermanos, y sus padres, con vivienda en propiedad en la ciudad y otra en una playa cercana, poseían una tienda de regalos en una de las calles más comerciales del centro de Cartagena. Les iba muy bien.
Yo, aunque vestíamos iguales debido al uniforme, procedía de una familia más numerosa, bueno, lo fue siendo conforme crecía, ya que soy la mayor, y mi padre era, como a él le gustaba decir, de la clase obrera, de estas familias que llegaban a final de mes con la respiración contenida y, que cuando llegaba el salario, éste desaparecía tan rápidamente que apenas daba tiempo a volver a coger aire otra vez hasta que llegase un nuevo mes.

Ella no tuvo que escatimar en el viaje de estudios, yo iba mirando la pela y contando las monedas que me quedaban…
Ella tan disciplinada, yo empezando a fumar…

Ella era más tímida, y yo más echada para adelante pero nos complementábamos a las mil maravillas y nunca nos llamábamos por nuestro nombre, simplemente ella era mi compi y yo la suya, y de este modo nos dirigíamos la una a la otra. Tanto era así que, cuando alguna otra compañera (pues sí, yo íba a un colegio sólo de niñas) se refería a una de la otra, lo expresaban de la misma forma:” tu compi esto, o tu compi lo otro”…

Yo la envidiaba, y ella nunca lo supo, no de esa envidia destructiva, sino que me gustaba porque tenía lo que yo no podía tener, y a veces me dejaba sus cosas…ropa no, ni por talla, yo más Hardy ella más Oliver, yo más Tip ella más Coll, ni porque lo necesitáramos, vistiendo igual toda la semana, todas las semanas.

No recuerdo a qué edad exactamente, pero éramos muy pequeñas, me contó que la habían apuntado a aprender solfeo (fue la primera vez que lo oí, yo creo) y yo no pude compartir lo que ella me contaba.
En poco tiempo, y debido a su gran talento, sus padres le compraron un piano…ya ves tú, un piano! (también fue ahí cuando me enteré que existían los pianos sin cola, no como los de la tele)

En clase, nuestra tutora, entonces jovencita y que aún sigue en el colegio (avemaríapurísima), le dijo un día que para qué estudiaba música, que eso no servía para nada, que era inútil.
Única motivando, la mujer.

Cuando dejamos el colegio y marchamos al instituto, mi compi y yo no caímos en la misma clase, yo en primero A, ella en el B, en un instituto en el que cada curso tenía medio abecedario repartido en aulas…

Y a partir de ahí, fue a menos…porque conocimos otras amigas…y amigos (chicoooos!) y ya no coincidíamos tanto…fue gradual, como muy natural, sin apenas darnos cuenta…ella para Hogar, yo para Diseño…ella para Letras, yo para Ciencias, a cual más pura (digo la pureza de las letras y las ciencias, que te veo venir)

Hasta que le perdí la pista…

Gracias a las redes, no hace demasiado, nos volvimos a encontrar, y supe qué había sido de ella.
No tenemos un contacto estrecho, ni siquiera fluido, pero nos tenemos ahí, “megusta” para acá y “megusta” para allá.
Y veo que seguimos siendo extremadamente diferentes, ella es más prudente yo más impulsiva, ella más tranquila, yo más rabo de lagartija, ella más callada, yo más de ruido…

Hoy hemos coincidido, frente a frente en un pasillo de consultas en el hospital.
Ella de vacaciones,con su padre, yo de revisiones.

Somos las mismas…flotaba esa chispa de complicidad de la infancia.

Y ahora prendida la chispa por la música, con banda sonora.
Entre una experta y una profana.
Entre la que no recuerda ni tocar la flauta y la Directora de un Conservatorio.
Entre la que tiene dos hijas virtuosas, y la que busca cómo estimular la extraordinaria inteligencia musical de la suya….
Entre la que la música es su vida y la que hubiese deseado sentirla y no le enseñaron de eso.

Líneas vitales que de estar unidas se separan y, que un día vuelven a cruzarse como los hilos del ADN.

Hasta luego compi, hablaremos de esto…

LOLA

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