De lo que usted quiera don Juan…

Él no lo sabe.
Quizás he debido pedirle permiso.

El otro día, en su casa me comentó que la vida es asombrosa, que un señor, la mañana anterior paró su coche, lo dejó mal aparcado y arrancado para acercarse corriendo a él y pedirle permiso para dedicarle un poema.
Y me dijo: “¿No te parece asombroso?…¡Un poema!…¡A un desconocido!”

Y no, lo que me parece asombroso es él.
Usted no lo sabe, pero el maravillosamente asombroso es usted.

Fui a verle sin avisar, a concretar cosas. Hacía demasiadas semanas que no hablábamos y yo tenía hasta miedo de que algo pudiese haber cambiado, u olvidado, o surgido.

Por su casa no ha pasado el tiempo, la supongo igual que hace treinta años, no la supongo, que la sé, quizás con alguna pila de libros más por aquí o por allá. Sobre la mesa, en algunas sillas, sobre los muebles. Desordenadamente ordenados, ordenadamente desordenados. Palabras de títulos en inglés.

El olor y la luz eran tan evocadores que me sentí en mi niñez como en la casa de mis abuelos.
Pero yo nunca había estado en esta casa. Casa de puerta abierta, macetas de colores que dan sombra, música de pájaros al sol.

“La puerta es de seguridad, de esas modernas, acaban, decía, de irse los albañiles, y se han llevado la que había y me da tristeza, mi vieja puerta de madera marrón…la de toda la vida”
“Es que no paraban de decirme que no era segura, y he accedido a cambiarla, pero era preciosa… de madera antigua tallada, preciosa”

Me señaló una silla y me senté a su lado aunque aún no me había reconocido.
“Es que ya todo lo tengo deficiente, la vista, el oído…lo único que tengo intacto es la memoria…”

Que no es intacta. Que es mejorada. De alimentarla. De estimularla. De no dejarla irse. De tenerla bien agarrada.

Me habló de la vida: ”La gente no se da cuenta que la vida es muy corta, y se la pasan buscando apariencias, y se vuelven imbéciles”.

Me preguntó qué había estudiado yo en la Universidad, y le dije que nunca fui a ella.

Habló de un político que le gustaba hace años, no me dijo el nombre ni la ideología, y que un día, observando (porque los que son observadores como él se dan cuenta de estas cosas, decía) un detalle ostentoso en su vestimenta, supo que no era sincero.
Y dejó de creer en él. Y no quiso volver a saber de ese.
Me habló también de los políticos jóvenes que dicen saberlo todo y que es imposible que lo sepan cuando ni él mismo sabe apenas nada. Apenas nada.

Hablamos de mi pequeña y me ofreció, y no era la primera vez, que recibiese clases en su academia, de lunes a viernes, “aunque viernes sí, viernes no cerramos, porque antes no había Corte Inglés en Cartagena y la gente quería ir al de Murcia, nos lo pidieron las madres hace años, y ya no lo hemos cambiado”

Me habló de su pasión, “Estoy tan nervioso e ilusionado cuando empieza un nuevo curso… más que los alumnos…No lo puedo evitar…Siempre ha sido así…”

Asombroso usted.

“¡Y el caso es que ya he echado varias broncas!” sonreía con pudor.

Me habló de la vida, de su vida, de la que siempre había tenido: la enseñanza, su academia y la pasión.
Y si perdía esto, decía, entonces no le quedaba nada….nada.

«Tú tienes a tu hija, yo como soy soltero y no he tenido una familia, sin esto no tengo nada»
Sin familia dice…centenas de ex alumnos que aún lo sienten suyo.
Sin familia.

Le llamaron por teléfono, y me pidió disculpas por cogerlo:
“Estoy aquí, con una profesora que me invita a dar una ponencia…(yo, una profesora, y ya sabía él que no, pero me lo quiso regalar, a mi oído: profesora)…Claro, así es, con cinco años tarda unos días en orientarse. Pero si ya está cogiendo el punto, y te lo dije , ahora deberías apuntarlo a francés, su cerebro está abierto y preparado y es la mejor edad”
“Es mi sobrina desde Madrid, que al pequeñín lo ha puesto en una escuela bilingüe”

“Pues no me he preparado ningún tema para mi ponencia…¿de qué quieres que hable?”

De lo que usted quiera don Juan, de lo que usted quiera puede hablar…

Puede hablar de la vida, del inglés, de los niños, de la docencia, de la política que le aburre, del afán de absurdo de dinero, de la prepotencia, de la ostentación.Puede de todo.

De lo que usted quiera don Juan…de lo que usted quiera puede hablar.

Y salimos hacia la terraza, para despedirnos, pero nos quedamos otro ratito apoyados en la barandilla al sol con una vista que yo desconocía de mi ciudad.
“Esto sí que es un lujo…Vine aquí hace más de cincuenta años, y estrené esta casa…Los albañiles del edificio no lo sabían, pero ellos la estaban construyendo para mí…”

Y acompañada hasta el ascensor, y me despidió: “Muy bien Lola Rizo, nos vemos el sábado, pero quiero estar allí antes, quiero conocer a los demás, ¿puedo estar allí más rato?…”

Lo que usted quiera don Juan…todo lo que usted quiera…

Y bajé y me senté dentro del portal….

Y lloré intensamente por el regalo que me acababa de hacer la vida.
De vida, regalo, de la propia vida, de vida.
Regalo de aire, de esperanza y de luz.
Por la lección de humildad que me llevé de allí.
Por la verdadera sabiduría y no por la falsedad de los sabelotodo.

Y porque sentí que le quería.

Quise volver a subir para abrazarlo, o tal vez para que me abrazase él a mí.

Me cuesta estar segura de hacia dónde quería que fuese ese abrazo…o desde dónde…o para quién…sólo sé con exactitud el por qué.
Quería quedarme escuchándolo para siempre.
O poder ir todos los días un ratito.

O días, como ese en el que yo me había levantado tristona, para inhalar oxigeno de vida.

Aprendí mucho, más de lo que nadie imaginaría que se puede aprender en algo más de una hora. Y recuerdo las emociones. Y las vuelvo a sentir.
Escucharle de esa forma tan pausada, tan coherente y tan genial, mimetizarse en el cuadro, acompasar el latido, hacer las pausas y poner los puntos suspensivos a su ritmo.

“A mí nunca me ha importado el dinero, ¿sabes?…que la vida ya tiene cosas bonitas, y el dinero te vuelve imbécil, y la vida es demasiado corta para ser siempre un imbécil.”

Pronto cumple noventa y dos años.

Y su vida le ha parecido corta.

Y por eso sigue enseñando.

Porque sin eso, él no tiene nada.
Él no es nada, dice.

Sólo un Maestro de vida.

Asombroso.

LOLA

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