Cuando recibí esta propuesta de sesión supe que iba a ser un regalo para mí. Mi familia no es lo que ahora se llama estructurada, aunque la mayor parte de esa estructura es elegida, y me faltan algunos pilares por la inexorable ley de vida. Por eso sentí un poco de envidia y la expectación me acompañó en la preparación. Nunca se sabe lo que va a ocurrir en la pista, es impredecible, pero sabía que, al menos, me transportaría en el tiempo a hace 30 años, cuando mis cuatro abuelos vivían o después,cuando la tía Isabel de mi madre o la tía Teresa de mi padre venían a pasar el día a casa.

Porque a la feliz pareja, le acompañaban su hijo, sus padres y abuelos, y la tita, hermana de uno de éstos. Como me ocurre a menudo, la sesión era una sorpresa para casi todos ellos, organizada por los jovenzuelos del grupo ¡Mira que me encanta ser cómplice!

Así que, algunos, me miraron un poco raro cuando les recibí en La Cruzada: «¿Quien será ésta y qué puñetas será lo que va a hacernos?»

Lo cierto es que hubo momentos muy emotivos donde cada uno identificó comportamientos propios ahí fuera, en el mundanal ruido del día a día. Un núcleo férreo familiar, rodeado con una gruesa capa de amor.

Como siempre cuento, el Coaching, y como no el asistido por caballos, no es solo para aquellas personas que quieren cambiar algo de sus vidas, sino también para poder reconocer recursos para afianzar y mejorar aquellos vínculos, actitudes y relaciones maravillosas que ya existen. Ese era el regalo, la sorpresa, agradecer a la vida con una experiencia única en la naturaleza.

Ya os digo, recordé cuando era niña, a mis padres y a mis abuelos y a la tía Isabel de mi madre o a la tía Teresa de mi padre cuando venían a casa a pasar el día  y nos regalaban su sabiduría con sus historias.

Hoy solo les sobrevive mi madre a todos.

También recordé cuando joven mamá, por entonces feliz con papá,  miraba a mis tres hijas con mi padre y miraba como lo miraban y como él las miraba a ellas.

(Y ahora viene cuando no veo escribir)

Y sin embargo, rápidamente me recompongo cuando veo en mí a una esforzada abuela presente, y aparece la luz intensa que seca mis ojos.

«Para mí ha sido una mañana mágica, muchísimas gracias por preparar esta mañana tan maravillosa porque yo he disfrutado muchísimo, lo he dicho y además creo que se me ha notado, tenía el pecho que me explotaba, el corazón no me cabía dentro de mí y la verdad es que me ha encantado, y haberla compartido contigo, porque sí, te hemos sentido dentro de la familia» -I. Pérez-

Gracias gracias gracias por el regalo de vida, por traerme los recuerdos emocionantes de mi paso por las otras dos generaciones y por hacerme vibrar en ésta.

Y, por supuesto a nuestros amigos de cuatro patas por dejarnos sentir