Amigos independientes

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Tenía tantos hombros donde llorar que me pasé media vida con la cabeza apoyada y el cuello doblado.
Y no miraba hacia adelante, sólo hacia abajo.
Cuando dejé de llorar en esos hombros ajenos, se marcharon porque creyeron que me sobraban.
Me veían bien, y eso no terminaba de cuadrarles. Yo ya no era yo.
Unos se marcharon solos, a otros les persuadí para que lo hicieran.
Y les dejé ir, porque no eran tóxicos, pero resultaron ser superfluos. Prescindibles.
Y no eran ellos, que me sobraban sus hombros.
Ahora estoy mucho más sola, más independiente. Y no se enorgullecen, que me miran raro.
Pero tengo la ventaja de no permitirme inclinar la cabeza, ni tampoco tener a nadie que me lo permita. Si no hay la opción, no puede haber permisos.
Y cuando siento que me pesa y que va cediendo terreno al espacio sobre mi espalda, buscando ese sostén amigo, sólo me queda dar un puñetazo y levantarla más furiosa.
Agradezco la suerte de esta libertad y esta preciada soledad que me hacen ser tan extraordinariamente fuerte.

Te agradecería, si quieres ser mi amigo, guardarte tus hombros para ti, o para otros víctimas.

Porque días de sentimientos enredados no son de víctima, son el remolino necesario antes y después de los tiempos calmos.
Es un sube y baja, una montaña rusa expectante a ratos, con miedo otros y con diversión y viento en la cara otros pocos…de adrenalina pura.
No te consentiré, por eso, que me sientas víctima.

Tus palmaditas en la espalda no las necesitaré…ni a ti si eres de darlas.
Gracias si quieres ser mi amigo sin hombros.
Sin manos que palmeen.
Sin boca de opiniones o consejos.
Sin ojos que no miren limpio.
Sin orejas que sólo te escuchen a ti.
Gracias si es que quieres ser mi amigo sin piernas que huyan de mis miserias y que marchen a hacer caldo con ellas. Caldo de tuétano, de vísceras y de despojos.
Sin brazos que hagan cortes de manga cuando me vuelva.
Sin estómago que se alimente de mis temores ni mis dolores.

Y es que soy extrañamente rara. Hay muchos igual de raros. Y eso me encanta. Los raros.

Gracias por, si es que te apetece, ser mi amigo sin pulmones, que no respire mis malos humos ni en ambientes enrarecidos.

Ser amigo del corazón. Ser el corazón amigo.

Gracias si quieres ser mi amigo sin tonterías, sin compromisos y sin juicios.

Gracias por así entender como nadie el sentido de la palabra empatía.
Gracias por estar, si quieres estar, aunque miraré y no te vea.

Gracias si te haces presente.

Gracias por quererme y sentirme así de fuerte y no débil, para creerte tú el afortunado.
Gracias por, siendo así, hacerme sentir cada día más heroína y menos desdichada.

Gracias si eres como yo.

Gracias si es que eres tan raro.

Gracias por serlo.

Por muchos que sean ellos, siguen sin comprenderlo. Pero se sienten seguros, en el grupo.

Pero tú y yo, aunque nos hayamos marchado de la masa, seguiremos rebelándonos.

No hombro con hombro, que recuerdas no tenemos, sino alma con alma.

Gracias por ser mi amigo independiente de mí.

LOLA

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